Me gustaba enfocar por el visor de la moneda mientras esperaba al trueque de los domingos. El gesto de las veinticinco pesetas era riguroso. En aquel tratamiento sólo variaban dos cosas; la fecha y la gominola.
Post 596 El peligro de ayudar demasiado
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El peligro de ayudar demasiado Aprende a dar sin abandonarte En lo alto de
una montaña silenciosa vivía un monje conocido por su extrema bondad. Él
ayudaba...


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