La mira. Lo mira. Necesito que ruedes desde la entrada norte a la enagua sureña. No le digas a nadie quién te envía. No me nombres. No me hagas señal. Me enteraré de qué cumplimos al primer golpe de conuco hembra, cuando la marimba resbale gemidos. Luego, no tienes por qué soltar mi mano. Pero la puerta de la casa, abierta. Barichara, Colombia. Verano de 2010.
Post 583 La lección del cactus
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Una bella historia para reflexionar La lección del cactus En el desierto,
donde el sol castiga y la lluvia es rara, el cactus sobrevive. Mientras
otras pla...



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