Me gustaba enfocar por el visor de la moneda mientras esperaba al trueque de los domingos. El gesto de las veinticinco pesetas era riguroso. En aquel tratamiento sólo variaban dos cosas; la fecha y la gominola.
Post 583 La lección del cactus
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Una bella historia para reflexionar La lección del cactus En el desierto,
donde el sol castiga y la lluvia es rara, el cactus sobrevive. Mientras
otras pla...



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